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José Manuel Hernández Cueto «Tarolo»

No exagero, en absoluto, si digo que Tarolo es uno de las personas más populares, célebres y queridas de Ribadesella. De proverbial buen humor, está siempre dispuesto a la broma y la murga sana. Es el indiscutible rey de la «trompetilla», que tira con un retintín como nadie; y, como donde las dan las toman, también es uno de los personajes más «trompetilleados» de por aquí.

Tarolo y yo habíamos quedado la semana pasada en vernos en la sidrería Tinín a las 11:30 de la mañana de hoy, domingo, para charlar un rato y allá voy. Cuando estoy llegando, ya lo veo venir a lo lejos, de La Grúa. Lo espero a la puerta del bar y aparece con cara de cachondeo. Entramos, mira alrededor y dice:

-Llastimos pa otra bayuca, zancañeru, aquíezo para arrenquixáu [1].

Y nos fuimos hasta la sidrería El Tarteru, que acababa de abrir y donde, a esa hora, todavía no habría mucha gente. Durante el corto trayecto, nos bornbardearon con una buena ración de «trompetilles» desde varios frentes. Aguantamos los envites y Tarolo respondió cumplidamente con un: ‘Pa la drama que los esbatió» [2]. Y a continuación me comentó: «Para ascode gachuleru per aiqui…» [3]. Nos sentamos en una mesa, pedimos un par de vinos y empezamos la charla, que discurrió en el asturiano que hablamos en Ribadesella, con algunas incursiones en la xíriqa [4]. Las pocas frases que dijo Tarolo en castellano las dijo con cachondeo y poniéndose teatral y fino. En lo escrito a continuación trato de transmitir todas estas circunstancias. Ahí va.

-Balsis y verbeas la xíriga… ¿ónde axiste? [5]
-De chaval marché a trabayar a una tamarga [6] a La Manjoya, n’Oviedo.Trabayaba desde las seis de la mañana hasta las nueve la noche, no sé cómo lo resistía. Bueno, sí, comía exageráu. Un día comí dos platos de sopa, siete platos de cocido garbanzos y media hogaza pan, abierta como un bocadillo y rellena tocinu. Luego fui a trabayar y no pude. D’allí marché pa Munguía, a trabayar a otra tamarga. Naquel sitiu era tovía peor, trabayaba de cinco la mañana a once la noche. Abríansete y agarrotábansete les manos. En Bilbao fuimos a una bayuca bardes [7] a las Cortes y unos cabrones cerráronme arriba. Pedía auxilio. Riéronse muchu, pero yo no, paséles muy jodíes. D’allí marché pa Cabueñes; ahí vivía mejor, trabaya- ba otra vez de seis de la mañana a nueve la noche. D’esa época de teyeru é de lo que sé la xíriga, pero de no hablalo olvídasete bastante. ¿Y tuaíre, ónde axiste? [8]

-D’oítelo a ti…
-No, d’eso nada, d’oímelo sólu a mí no se aprende. Tú aprendistelo n’algún libru o algo, porque teyeru, cantecu y eso no fuiste…

Nesto, llega Carlos, el Tarteru, a la mesa y mete baza:

.-No cuentes mentires, ¡eh!

-Tú, calla -dijo Tarolo, y volviéndose pa mí diz: ¿Sabes la que m’armó ésti I’otru día? Díjome que cogiera un pinchu, y cuando lu taba garrando sacó me una foto pa ponela ahí arriba´l mos- trador, pa que me llame fartón tou dios. Yo le llamé «hijo de cuca».

-El Tarteru siempre tien gana cachondeo. Menuda firma, ¿eh?
-Esta temporada pasada taba cortando’l pelu’n casa juanillo y apareció por allí con unos pedacinos de papel pinchaos con unos palillos, como unes banderines, y púsomelos pola cabeza. Decía que como la tenía tan grande había que señalar les parceles por ánde había que dir cortando. Al final, después d’acabar de cortame’l pelu, juanillo dijo: «Bueno, Tarolo, lo siento, pero un corte nestes condiciones son siete mil quinientas pesetes’. ¿Qué más quies que te cuente?

-Cuéntame más coses de fartonaes. Sé yo que tienes más aventures d’éses.
-Sí. Un día na Nansa, ¡’antigua, haz muchu d’esto, aposté a que comía trece bocadillos, nueve de quesu picañán y cuatro d’afuega’l pitu. Perdí, porque no pude comer más que once. ¡Ah!, pa embutilos soplé dos litros de vinu. El casu fue que apareció por allí unu que taba nel pasu nivel de lloviu y llamóme fartón. Desafiélu a la calle y no me fue mui bien, no lu veía. Ya sabes que yo antes no veía casi nada.

-É verdá. Desde que t’operaste tas muchu mejor de la vista, ¿no?
-Sí, sí, toi mejor. Otra vez, nel Rompeolas, taba cantando con Quico, el lateru, y Poldín, el de Cova. Diz unu de Margolles: ‘¡Qué mal cantáis!». Y dije- y yo: «¡A ti que cojones t’importa!» En- tós desafióme pa fuera. Salimos, quité les gafes y larqué-y una hostia, pero como no veía nada pegué-y a un canalón y tuve cuarenta días de baja cola mano jodía.

-Una vez, sélo yo, tuviste un follón con unu y, como quería pelease contigo, díjote: «Quita les gafes». Y dijíste-y tú: «Si quito les gafes no te veo». Y I’otru diba calentándose cada vez más, porque creía que lo decías pa desprecialu, que lo decías porque no tenías ni pa empezar con él…
-¡Era esi de Margólles, fue esi día! Claro, al final quitéles y mira lo que pasó.
Tamién, una vez tábamos na Nansa antigua Noli y yo, veníamos d’Árriondas de jumera; habíamos tau soplando tola noche y no nos habíamos acostáu. Sobre las nueve la mañana yo salí y taba algo oscuru’l día; fui pal muelle y como no veía un pijo caí al agua. Casi m’afuego. Tiróse a por mi Frentona y casi s’afuega tamién. Al final, sacáronnos Manolín Pitu, Luis Sánchez y Monchu Serrano, que taban pescando llobines desde un bote un pocu p’allá.

-De les llovines no m’acuerdo, pero de l´angula eras un ferre…
-Mira si sería ferre qu’había un puestu que-y llamaban el puestu Tarolo. Pescaba, si taba pa ello, dieciocho o veinte kilos. Ahí garré yo les mayores marees que se garraron por aquí. Ade- más, venía a ayudame la gente; acuédome de Fico y de ]ose lnacio… Valía d’aquella la angula a doscientes pesetes el kilo, pero eran buenes aquelles perres, ¡eh!

-D’aquella, ya se sabe, pagábanse pocu los trabayos y les coses…
-Sacábamos Cuco, Poldín y yo grijo de l´Atalaya a 17 pesetes el metro cúbicu. Luego descargábamos cola «plantilla» a cincuenta pesetes el vagón de mineral de diez tonelaes. Eso era duru, nosotros no eramos fijos na «plantilla» y tocábanos el peor trabayu. A los fijos dában-yos lo más llevaderu.

-¿É verdá qu’una vez caiste d’un tercer pisu de cabeza?
-Sí, fue onde’i cuartel vieyu, onde ta ahora la tienda de «a 100». Taba jugando con Pedro Aspirina; pegóme una patada y caí pola caja la escalera d’un tercer pisu. Salí tou abolláu, libré de milagru.

-Un día los Inocentes d’haz unos años apareció empapelada con papel higiénicu la caseta la ONCE, onde vendías el cupón, na Plaza Nueva…
-Sí, vaya la que m’armaron. Menudu cachondeo qu’hubo nel pueblu. Enteráronse hasta na central d’Oviedo.

-Tienes una aventura marinera importante…

-No sé, como no sea cuando nos perdimos na mar…

-Cuenta…

-Fuimos a calamares al Redondu, Foronda, Mario Matías y yo, nel Esguín. Cuando tábamos allá, avisan pol chivatu desde Lastres que ta entrando la niebla. Mario y yo queríamos venir ya, pero Foronda dijo que no; que no pasaba nada; qu’era tou mentira; que ya vendríamos. Entró la niebla y Foronda dijo que sabía él venir. El casu é que hicímos-y casu y perdímonos. Yo llevaba un bocadillo y no-y di nada de lo cabreáu que taba con él, por cabezón. Total, al final encontrónos Mauro, el mi sobrinu, en Paluverde y echónos la bronca. Foronda dijo que-y diba a dar dos hosties; mira tú, encima. A Foronda llamábamos-y El Hombre del Tiempo, no acertaba una. El casu é que tuve yo que haceme cargu la lancha sin ver un pijo. Cuando llegamos al muelle taba la gente esperándonos y aplaudiéronnos cuando desembarcamos. Foronda saltó al muelle con una navaya abierta na boca, como los piratas, menuda comedia. D’allí fuimos cola gente, toos en procesión, pa Casa Sebas. Y allí, ya sabes…

-Cuenta alguna aventura que se te venga a la cabeza sobre la marcha…
-¿Contéte lo del tablón?
-No, eso no… -Yo repartía’l pan de Toraño y venía una vez pol puente con un carretilláu d’ello; y p’allá diba Tino’l carpinteru con un tablón grande. El casu fue que no sé cómo, porque yo no lu vi, pegué cola cabeza contra’l tablón y tuve sin conocimiento cuatro hores. Pa vendame la cabeza necesitaron un rollu enteru d’esos grandes de los hospitales.

-Una vez chocaste contra un bocoy de vinu…
-Sí, veníamos de cachondeo, venía escorriéndome Antonín Braña, miré p’atrás, pa ver por onde venía, y embestí contra un bocoy que taba na calle, onde l’almacén d’Agustín. Cola prisa y lo pocu que veía d’aquella, confundilu con un paisano y dije-y: «¡Usted perdone!». Pero’l golpe fue gordu, tuvieron que poneme un sacu hielu pa bajar I’inchazón de la cabeza.

-¿Un sacu … ?
-Sí, colo grande que la tengo, con una saca no era bastante. Fue muy famosu aquello.

-No contaste nada de cuando remabas na trainera…
-Sí, fuimos a remar a San Sebastián. Eramos trece o catorce. El entrenador era Escambray. ¿Has conocido a Escambray?

-Bai [9].
-Daban pa desayunar una taza café y un bollu pan. Yo vi aquello y dije: «Yo no remo». Diba juanín, el Chuscu, de jefe nuestru y diz: «Coño Tarolo, ¿por qué no remas?». Y yo conteste-y: «Porque yo con eso no puedo remar’. Total, al final comí dos bocadillos de jamón y pa pasalos dos medies de cerveza. Los demás viéronme y tou dios empezó a exigir bocadillos. Luego hicimos una carrera mui buena, de siete llegamos los sétimos.
Tamién, fuimos al campeonato d’España de traineres a la Coruña. Taba Franco… y su señora… Antes d’empezar la carrera tuvimos echando unes remaes de calentamiento por allí. Vionos unu de la organización I’estolaxe que teníamos y diz: «¿Donde van ustedes? Ustedes es mejor que no salieran». Allí de cuatro quedamos los cuartos. Cuando llegamos a la meta ya taban los de les otres tripulaciones duchaos y comíos. Llamaba l’atención el color nuestru… Dijo la muyer de Franco: «Mira que color azulado mas guapo tienen los asturianos» lo que no sabía ella era qu’aquel colorín era de vinu. Además el patrón era Frentona, así que no te digo nada… Aquí, Quico’l lateru, yo y otros cuantos hacíamos carreres de botes pola fiesta de Guía; aquí sí, aquí ganá- bamos siempre nosotros, si no ganaba unu ganaba otru…
¿Oíste algo de lo de les piragües d’esti añu?

-Ni soca, zancañeru, verbea… [10]

-Pues, el casu é que vamos bajar Manolo Silva y yo nuna piragüa. Vamos ponenos en cabeza na más salir y por cabeza ganamos, fiju. Él va dir atrás, pa que no pique la piragüa de proa, porque tien una cabeza muchu más gorda que la mía y pesa más. Val más que la piragua vaya proa arriba que picando p’abaju; ya tuvimos onde Cuesta y díjolo él.

Nesto pasa pol lau nuestru el Tarteru, y suelta:

-Cuenta cuando te garraron los de la tribu los jíbaros, que te querían reducir la cabeza…

Y contesta-y Tarolo:

-A ver si voy a tener que acordarme de alguien que tu sabes…

-Tamién fuiste del coro la iglesia…
-No, d’eso no m’acuerdo. Lo que sí m’acuerdo de la iglesia é de los entierros d’antes. llevábamos el muertu al hombro hasta’l cementerio. Moría mucha gente d’aquella. Un día hicimos tres portes, murieron tres nel mismu día. A ocho duros cada porte, ocho por tres, venticuatro. El prirneru subímoslu mui bien, pero’l segundu fue mui jodíu. Yo había bebíu ascode yayu 11 y llevaba una graniada cojonuda. Como no paraba d’hablar pol caminu, diz don Alfonso:»¡Cállese la boca!» Fue verdá, por mi madre…

-¿En qué follón tuviste metíu una vez a cuenta un lorito?
-Meca … ¿Tamién eso? ¿Quién coño te contó esi asuntu?

-Nadie, eso oilo yo d’aquella.
-Sí, fue nuna obra, cuanto tábamos haciendo la casa onde ta ahora la tienda de Ramonín Basmón. A mí habían puéstume nel montacargas, nel últimu pisu, y, cuando querían que lu bajase, los d’abaju apartábanse y chiflábanme, esa era la contraseña. Bueno, pues Gloria, la de la jardinera, tenía un lorito na casa d’al lau y un día chifló; yo creí que tenía que bajar el montacargas, bajélu y atrapé-y el piscuezu al Roxu Sardalia, el brazu al encargáu, un tal Manolo, de Oviedo, y la cabeza al hiju l’amu. ¡Vira, vira..! ¿Vira? ¿Qué voi virar si ta ya de- positáu? No los maté de milagru… D’oír a los otros, el lorito había aprendíu a chiflar el cabrón d’él.

-Otra vez mordiáte un perru…
-Sí, venía’n bici de pescar llovines. Yo vivía onde’l mercáu, con mi madre, y al llegar ahí, onde Joselillo, había un perru y tiróse a mí. Caí de la bici y jodí un tobillu. Tuve un mes de baja y tuve tres juicios col amu’l perru. El terceru ya fue firme y obligáronlu a indemnizame con siete mil quinientas pesetes. Vino Porrúa, qu’era ¡’oficial del juzgáu, comigo a casa d’él, pa que me pagase. Cogió les perres Porrúa, contoles y mil… dos mil… tres mil… cuatro mil… quinientas… y… trescientas. Dijimos: «¡Aquí faltan tres mil pesetes! L’otru ya se cerraba pa dentro de casa y llamólu Porrúa. Quería engañanos, pero al final tuvo qu’apoquinalo tou. ¡Menudu «hijo»!

-Vives justu al lau del cementerio. ¿No tienes miedu a «la maldición de la calavera»?
-No, no tengo miedu a eso. Tengo miedu a que algún ‘hijo’ me dé un sustu y la palme del corazón. Porque yo abro’l cementerio pola mañana y ciérrolu pola tarde. Como vivo allí mismu pidiómelo don Eugenio, el ñurríu l2. No soy l´encargáu ni nada, hágolo por hacer un favor. Un día hubo allí gamberrismo y sacaron un nichu, era una golfería d’ocho o diez; había tamién muyeres. Otru día, onde s’entra, anduvieron nunos nichos y sacaron les cajes p’afuera. Pues a esto sí que tengo miedu, porque hay muchu «hijo», muchu «hijo» volando… Tú date cuenta que vaya un día de noche por allí y un «hijo» d’éstos, qu’esté por allí escondíu, m’echa la mano así, por detrás… Pues adiós Tarolo, un «infarto macario» y ¡hala, p’allá … !
¡Eh … ! Visantea… visantea la guxa xida que torrodia por onde la buleda… [13]

Cuando tamos terminando la conversación, vien el Tarteru y trae tres fotos de Tarolo, de les que tien pinchaes arriba la barra, pa poneles nesta revista acompañando a esta charla. Y Tarolo, que debía tar pensando na guxa qu’había pasáu antes, arrímase al Tarteru y diz-y muy zalameru:

-¡Ay, qué buena estás, cariño!

Y diz Carlos, cambiando de tema, sin acusar el piropu:

-La pena fue I’otru día, que Tarolo ayudó a cruzar por ahí mismu la calle a Nene, el de Barrial, y no tenía la máquina fotos a mano nesi momentu pa sacayos una. Esa sí diba ser buena pa colocala ahí arriba.

Y diz Tarolo:

-Sí, vaya par d’ellos: Ojo de Águila y Ojo de Buitre. Y encima, casi nos atropella un coche. Y al salir, lo mismu qu’al entrar, otra mano trompetilles que nos lanzan por detrás. Y dígo-y a Tarolo:

-Esto les trompetille-s y tú va uníu por onde quiera que vayas, no hay descansu. Si no pican pico.
-Sí, ahora esto les trompetilles no é peligroso, antes sí. Una vez, haz muchos años, lleváronnos presos los municipales por tirales. Decían que-yos les habíamos tiráu a ellos.

-¿Y era verdá que diban pa ellos?
-Dirían, cualquiera sabe. Otru día, metióme Manolo Cantu na perrera por cantar de noche pola calle. Llevóme mi madre, la probina, María Cueto, un cobertor pa tapame. Tuve qu’echame nel suelu y empecé a sentir un tracatrá raru nel cuartu d’ai lau: Tracatrá, tracatrá, venga tracatrá… Empiezo a investigar y eran un par de probes, unu y una, cuidáu, qu’habían metíu na perrera tamién y taban haciendo gocheríes arriba un catre de madera qu’había allí. No me dejaron pegar ni güeyu’n tola noche…

-¿Gocheríes?
-Bai, zancañeru, pararon dota la racha estigando… [14]

-Esa é mui gorda, toi por no creela…
-¡Por mi madre!

Y con ritmo de Cha-cha-chá y doblando’l brazu pol codu p’atrás y p’alante, como metiendo y sacando un émbolo, empieza a cantar:

-¡Tracatrá, qué xidu 15 tracatrá…

Y coles mismes y escojonaos de risa, despedímonos hasta la prósima:

-Axode 16, ‘Tarolo.

-Axode, Cuenquín.

Notes
1 Llastimos pa otra bayuca, zancañeru, aquiezo para arrenquixáu. Vamos pa otru bar, compañeru, aquí ta llenu.
2 Pa la drama que los esbatió. Pa la madre que los parió.
3 Para ascode gachuleru per aiqui… Hai muchu cabrón por ahí…
4 Xíriga. Jerga de los Teyeros, los canteros, los maconeros, los zapateros…
5 Balsis y verbeas la xíriga… ¿Ónde axiste? Entiendes y hablas la Xíriga… ¿Ónde aprendiste?
6 Tamarga. Teyera
7 Bayuca bardes. Bar de putes.
8 ¿Y tuaire, ónde axiste? ¿Y tú, ónde aprendiste?
9 Bai. Sí.
10 Ni soca, zancañeru, verbea… Nada, comaperu, cuenta..
11 Ascode yayu. Muchu vinu.
12 Ñurriu. Cura
13 Visantea… visantea qué guxa xida torrodia por onde la bulea… Mira… mira qué preciosidá vien por onde la puerta…
14 Bai, zancañeru, pararon dota la racha estigando… Sí, compañeru, tuvieron tola noche xingando…
15 Xidu. Guapu. Agradable.
16 Axode. Adiós.

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